“Es que me emociono y no quiero”

Las personas que tienen acumuladas muchas experiencias de dolor a menudo tienen miedo a sentir, ya que el dolor es tan grande que el miedo a que éste les invada es devastador. Están convencidas de que si conectan con lo que llevan dentro, nunca más podrán volver a salir del pozo.

Muchas mujeres, que hoy tienen entre las 50 y 70 años, vivieron vidas realmente muy duras emocionalmente. A menudo comparten también que ellas debían ser las cuidadoras de otros, con lo que sus propias necesidades no pudieron ser respetadas y tenidas en cuenta.

Cuando nos cerramos al dolor, nos cerramos a sentir, ya que no podemos dejar de sentir sólo el dolor, … Todo va en pack. La incapacidad de sentir el lado bueno de la vida las va apagando, va consumiendo sus energías poco a poco. No hay lugar para recargar las energías, … y puede llegar un momento en que literalmente las pilas estén agotadas. Ya no pueden dar más de sí. 

Es necesario que toda persona que haya vivido situaciones vitales que le hayan desbordado, que tengan dolores enterrados bajo la alfombra puedan tener su espacio de psicoterapia. Ser acompañados en nuestra experiencia personal ayuda a poder elaborar el dolor y poder ir recuperando de nuevo las fuerzas y ganas de vivir.